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Si hacen uds, gente que no está, acopio de valor, y en un acto de aplicado proceder le dan buen uso a la etiqueta más gorda del desván (”Tiras Dany El Ñoño”), podrán comprobar, entre otras cosas, que las ñoñerías en esta casa tenían una numeración cabal y bien ordenada. Sí, sí, la tenían. Una a una y siguiendo el juicioso dictamen del tiempo se iban sucediendo en procelosa continuación, cual pollitos tras su clueca progenitora, como debe ser. Pero pasó que entre despedidas, papelerías y felicitaciones las ñoñerías, ¡ay!, perdieron los papeles y ya no sabe uno ni cuantas van, ni cuentas quedan, ni a cuento de qué vienen algunas y ni te cuento por qué nunca se van otras.

¿Es esto grave? Casi nada de lo que pasa aquí lo es, y si lo es lo relativizamos en un periquete, que de filosofías de andar por casa vamos sobrados. Aún así me dio por calcular y deben ir fácil unas veinte y ocho tirando a vuelapluma. No están todas las que son pero de a poco van llegando. Entre ellas esta corta pesadilla de cuatro páginas que ya tuvo su preámbulo en una entrada anterior y que viene, una vez publicado el Ojodepez Nº9, a prometer lo cumplido.

Las pesadillas de Dany amenazan con convertirse en algo recurrente, con aparecer las veces que hagan falta para llenar el subconsciente ñoño de todos sus antagonismos, miedos y soluciones puerilmente absurdas. Es posible que recurra a ellas para escapar de la realidad que le toca, y hasta es probable que lo haga para no tener que enfrentarse a los sueños que anhela. Veremos más pesadillas pues pero no se asusten, que no asustan nada. Casi nada de lo que pasa aquí lo hace. Y lo que lo hace…

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Felices Fiestas :-)

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No, hoy no pretendemos ser originales. Si fuera junio y la entrada fuera la misma, entonces sí, entonces sería una pretensión lógica. Pero las fechas son las que son y al contrario que las cosas, que lejos del dicho no son así sino como las hagamos, no admiten discusión alguna. Por tanto y por ellas toca felicitar, amar, abrazar, sonreír, besar y desear paz como si el cielo fuera a caernos sobre la cabeza mañana en hora diurna.

Y sí, el ñoño, poco original e iluso de corazón es propenso a dejarse llevar, de forma consciente  y decidida, por el frenesí de buena voluntad que ha de flotar en el ambiente. A veces flota un poquito alto, probad a saltar  dos o tres veces, sin miedo al ridículo, que lo bueno se hace rogar.

Sed felices, gente que no está :-)

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Un dibujo apátrida

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Casi todos lo habremos hecho alguna vez, de chicos al menos, cuando aquellas gloriosas vueltas al cole se veían coronadas con la redacción de lo que habíamos hecho en vacaciones y el dibujito a juego. Ya no era bastante tener que volver al grillete escolar, no, además había que recordar lo bien que lo habíamos pasado sin él y por ende lo lejos que estaba la siguiente libertad prometida. No es que aquello, el volver, fuera traumático ni la escuela tan mala, no,  pero el sentimiento que provocaba sí lo recuerdo como tal. El dibujo era la guinda del amargo pastel.

Dibujar lo que otros expresan con palabras no es igual, ni parecido. Hay un algo intervencionista en el asunto que puede resultar feo. Al fin de cuentas lo que hacemos es traducir a otro medio el cachito que cada cual se deja en sus escritos; o no, tal vez traducir no es la palabra justa, interpretar mejor dicho, que el trasvase nunca será literal, ¿cómo iba a serlo? La interpretación no cuenta a menudo, además, con más datos que el propio texto a versionar, así que a la postre el resultado es una unión dispar sobre lo mismo.

En esta entrada dejo sólo una parte de esa unión dispar, ilustraciones arrancadas de columnas, escritos, poemas, algunos avances, dos o tres comienzos y hasta un final aludido. No se pueden comprender por sí solas, no se vislumbra su razón de ser, apenas dejan ver de lo que van. Pero se dejan ver a solas, y el qué dirán es cosa de los demás.

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El ñoño de papel

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Pues sí, hete aquí que no todos los ñoños son una suma cabezona de píxeles coloreados. Los hay que sublimando su etérea condición digital alcanzaron cobijo entre las fibras de un hermoso papel de satén. En su día toda esa pasta vegetal endurecida apadrinó el carácter ingenuo y proverbial del ñoño y acompañando a otras aplanadas muestras de celulosa configuraron varios fanzines de naturaleza empírica. Tales ejemplares de “Ojodepez In Paper“, que así se llamaban y se llaman, cosecharon un rotundo éxito en los más relevantes salones del cómic de este país y me alegra pensar que el rubiales del frondoso tupé iba dentro como quien no quiere la cosa.

Es hoy, superado el tiempo exclusivo prudencial, cuando las páginas pierden su condición de inéditas en la red y hacen su debut en el desván. Sirvan éstas para desmadejar las enmarañadas telarañas que muy cucas ellas habían ido ganando terreno al moho habitual tras la imperdonable escasez de actualizaciones acaecidas (faltando, dicho sea de paso, con aquel noble propósito de fin de año).

Para terminar, me produce gran satisfacción anunciar que tras su definitivo cierre online, Ojodepez continúa su andadura en formato físico para regocijo de los salones venideros. Estamos preparando un número muy especial con doble ración de ñoño; a continuación podéis ver un adelanto. Sigan con nosotros gente que no está, se les echa en falta sino.

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Cumpleaños de pintores

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No sé si alguno de ustedes, gente que no está, tiene un amigo mecánico que para la onomástica le regaló una revisión del líquido de frenos o un equilibrado de ruedas. Quizás algún afortunado gaste intimidad con una florista y le alegren con aromas el aniversario, o un primo veterinario que cumpla con las inyecciones a Bobby, o un malabarista cuñado cambiándole el uso a la vajilla para gozo y terror del homenajeado, o un sobrino escritor aventajado, que con con buena letra e intención nos obsequie el cuento de sus amores que tan maltrato previo sufrió de los editores sin corazón.

Es probable que esto ocurra a veces y es bastante probable que no, que la gente se guarde sus profesiones para menesteres más cotidianos. Pero los dibujantes, a veces, nos causa gran placer extender las obligaciones a otros ámbitos de la vida y convertir un cachito de  rutina en un obsequio personalizado. No es de extrañar pues que mis allegados sufran en sus fechas señaladas apuntes cómplices de su vida en forma de postales dedicadas, que mis cuñados estiren su paciencia ante la forma y tamaño de su regalo y que mi sobrina pueda contar sus años por estampas acompañada de sus personajes preferidos. Tener un tío pintor es lo que tiene.

Si hay algo, no obstante, que guste más que regalar dibujos es recibirlos. Con Javi Granda tenemos esa costumbre desde hace tiempo ya, él es el autor de las ilustraciones que están invitadas en el desván, la primera de este año y las otras antiguas. Debo decir que se han comportado de manera muy educada, rechazaron amablemente las pipas por el incomodo que pudieran ocasionar y aceptaron modosas las garrapiñadas y el té con hielo. Fíjense que el ñoño nunca tuvo un ademán más resuelto. Gracias, pibe.

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Algo empieza, algo termina

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Las cosas buenas que a veces te asaltan de improviso son a menudo las mejores. Las planeadas buenas tienen otro gusto, se paladean más, tienen más carga de satisfacción por el éxito cuando llega. Pero las primeras, ésas que no te esperas ni por asomo vienen con el irresistible poder de la coincidencia, la gracia divina del destino, el por qué me habrá pasado a mí.

No sé que hice en su día para merecerlo, tal vez aquel cumplido de más  por conveniencia, o ese otro secreto que nunca conté, tal vez fue la sonrisa a la señora que se me coló en la tienda; no lo sé exactamente como digo pero algo debió merecer la atención de algún hado despistado que tuvo a bien recompensarme con un Ojodepez.

Ojodepez se terminó aunque apunta a persistir a la antigua, dudamos si sobre papel y con tinta o esculpido en trozos de lo que fuera el muro de Berlín. Las andanzas del ñoño tendrán pues en ese marco su continuación, y aquí en el desván, como siempre, su reflejo.

Ojodepez se terminó y algo empieza con su mismo nombre y renovado espíritu. Los ratos felices que he pasado con el viejo amigo no se paga con rublos, ni con yenes, ni con oro bruñido al sol. Porque aún hay buenos momentos que son inalcanzables para el materialismo, que sólo los pondera el recuerdo, que sólo los engrandece el tiempo pasado.

Ojodepez termina, algo empieza. Que lo disfruten.

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El Raitán

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Ser periodista de investigación no es fácil, por muchas plumas que le abriguen a uno. Buscarle el filo a la verdad entre la oportunidad y el oportunismo tiene su aquel, por no mencionar el riesgo inherente a husmear en corral ajeno, que las plumas no son de acero, oiga. La gente puede pensar que ser un un petirrojo te abre muchas puertas pero no crean, no más que a cualquier pájaro de la familia Turdidae. No se pueden imaginar la cantidad de aves que pululan por el sector periodístico, más de 180 variedades de palomas, todas enfrentadas entre sí, colibrís espíricos y sus huelgas de trabajo continuo, pelícanos con cámara incorporada en el pico que no paran de presumir de película, hasta un buitre leonado juraría que vi, tras unas finísimas gafas oblongas, en una pequeña rotativa al otro lado del Ganges.

No es fácil, no. Pero tampoco aburrido. Se conoce gente, ingente cantidades de palomas, monos musicales, becarios emos, topos rayados, gatos con mala uva. Y se aprende cantidad de cosas útiles, ¿sabían uds que el Faro de Alejandría fue construido sobre cimientos de vidrio? Es muy interesante. Que llegara a ese dato investigando sobre las posibles implicaciones de una película de Alex de la Iglesia en un elaborado plan de desfalco es irrelevante. Ya dicen que lo importante es el camino. 

Si les ha picado la curiosidad algo de lo aquí narrado o visto pueden seguir el devenir del inefable Raitán en su sitio web:

Las aventuras del Raitán.

raitanoficina

Atención especial para las tiras cómicas, con guión de Olalla Hernández. Todas las semanas en su kioskos, reales y virtuales.

http://www.lasaventurasdelraitan.es/images/stories/Tira6Color.jpg

No dejen de visitarlo y, aunque falte el cartel, cuidado con el gato.


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Cachis la mar

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Cachis la mar. Otra mañana, otra lamentable mañana que va de lo soso a lo lamentable. Es tarde para ir a trabajar, no he pegado ojo (maldita mosca de la fruta), estoy cansado, etc. ¿No podríamos dejar para otro día esta entrada?

No, llaman a la puerta, ¿quién será a estas horas? Es un ser barbirojo, con cuernos, con patas de cabra en lugar de piernas de hombre. Salta el agujero de el suelo con agilidad cabruna (normal), apenas pregunta por qué hay un perfecto agujero en el suelo, le parece raro, a él, que tiene cuernos y patas de cabra. Le digo que han aparecido por todo el edificio, que no sabemos, que posiblemente se trate de un complot de los caseros del mundo para echarnos por cuatro perras. No le interesa, me corta con mala educación, que tiene prisa, dice, que tiene la locomotora en doble fila y anda a la busca de la caja de todas las maldades. No entiendo nada, intenta explicarlo pero no escucho, en la tele repiten el gol de Messi al Getafe. Se marcha enfadado, murmurando satíricamente sobre medusas y dioses que se creen extraterrestres. 

Ha debido sentarme mal la cena, pasan cosas raras. Mejor desayuno fuera. Pido un café con leche y un croissant en una cafetería cualquiera. El camarero es un antiguo cobrador del metro y siempre confunde los pedidos. Me trae un croissant y un café con leche. De pronto entra una atracadora, rifle en mano, y manga todos los saleros del bar. Los colecciona, me dice con un guiño. No sé por qué me lo cuenta a mí, que soy el único cliente, pero me gusta. Decido irme con ella, total ya llego tarde al trabajo. Vive en un caserón fantasma rodeado de nomeolvides fantasma, cuesta un poco verlos pero los hay miles. La abuela, sartén en mano, se ofrece a prepararme un omelette sin sal. Declino amablemente, no tengo hambre. Además se hace tarde para llegar al trabajo a la hora de comer, mi rato preferido del día.

Trabajo a tiempo parcial en una antigua productora de cine, que luego fue empresa de publicidad y más tarde sede de un efímero partido político. Ahora es una fábrica de papel que contamina una barbaridad pero como estoy destinado a la división de origami me compensa. No pagan mucho, pero recibir los billetes con forma de grulla no tiene precio. Como un omelette con una chica preciosa del trabajo que nunca se fija en mí. No se separa nunca de un perrito blanco con muy mala leche que se cela de todo el que se le acerca. Una vez intenté guardar beicon frito en los bolsillos pero no funcionó muy bien. Me persiguieron un montón de animales extraños y del disturbio que se armó acabé en comisaría. El comisario me dejó en libertad a cambio de una hermosa caja que le hice con cuatro folios, la quería para guardar sus frutos secos.

Se hace de noche y vuelvo a casa. Recojo de camino una estufa Niser con visor vitrocerámico que esa misma tarde me confirmaron estaba lista. Los agujeros del edificio nos dejaron sin calefacción y hace un Marzo frío. La meto como puedo en el Seat Panda que siempre dejo aparcado al lado del curro. Me va a costar un montón subirla, mejor lo dejo para mañana, a ver si consigo que Jaime me ayude. Lo llevaré a ver el caserón fantasma de la atracadora de saleros de bar, no sé por qué pero le gustan las casas viejas. Ceno cualquier cosa, en la tele ponen una absurda de científicos locos con máquinas de hacer agujeros y mafias entrañables que conocieron tiempos mejores. La apago a la mitad. Me voy a dormir.

Aparto el petiso amarillo de peluche. Me pongo el pijama azul con la “ese” de Súper López y me acuesto pensando de dónde sacará Jan las ideas para sus cómics. Debe tener una vida menos aburrida que la mía.

Jan, el autor de cómics creador entre otros de los inolvidables Súper López y Pulgarcito, cumplió 70 años el pasado 13 de marzo. Desde la web de mi amigo David (Cachislamar.com), le hicimos un pequeño homenaje en forma de dibujos y cosas del querer, parte del cual es el dibujo que podemos ver aquí arriba. No dejen de visitarla y dejar su felicitación, aún están a tiempo. Sabemos de la mejor tinta que le hace ilusión.

Desde la injusticia de elegir sólo uno Súper López es mi tebeo preferido de siempre, por su dibujo tan detallado, por sus giros imposibles, por su irreal manera de tratar la realidad, porque me creí siempre sus historias increíbles. El recuerdo de la ilusión al abrir, de pequeño, un Súper López nuevo es uno de los más entrañables que tengo; y el niño grande que soy lo intenta conservar en forma de tebeos demacrados que habitan con orgullo en el armario de los mejores desastres.

El desván se honra en felicitar y agradecer a uno de los grandes.

Gracias Jan.

Por todo.


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Escribiendo a Vilabella

Dicho y hecho. O retado y aceptado más bien. La desfachatez que anunciaba en este mismo blog hace mes y medio más o menos fue recogida por su destinatario como si de un guante arrojado a su honor se tratara. El resultado de todo el tinglado ha sido un tet a tet de pinceles y plumas como no se ha visto otro igual; las plumas volaron, los pinceles zozobraron, la pintura se amigó con el viento para formar olas en el aire que aterrizaron en una marea de letras sin orden ni concierto, las musarañas lo lamentaron, y podría seguir. Pero para qué, mejor mostrar el resultado. A la pluma, Vilabella y servidor. A los pinceles, servidor y Vilabella:

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CAMBIO DE PAPELES

           Qué barbaridad, cómo pasa el tiempo. Parece que fue ayer cuando don Iñigo, el director de El Comercio, contrató a los abajo firmantes, Daniel Castaño y un servidor, como colofoneros de la cosa, como epiloguistas de Yantar. Han pasado cuatro años –doscientos artículos- pero lo recuerdo vivamente. Don Iñigo nos entregó unas gorras de plato y unos mandiles de dril y  dijo: “Ustedes, aquí, en esta página, no tienen que hacer nada útil ni de provecho porque son los últimos monos del suplemento. Sólo tienen que preguntarle a la clientela si han leído bien, si les han gustado los sesudos y eruditos artículos de sus compañeros”. Después nos miró con rostro severo, levantó el dedo y advirtió con cierta solemnidad: “Sean amables con los ancianos, ayuden a ponerse el abrigo a las señoras, sonrían a los visitantes, no den patadas en el culo a los niños y no acepten propinas”. Desde entonces aquí estamos, cobrando un sueldazo en Las razones del gastrólogo, tan ricamente, como príncipes.

            Mi coleguilla Dani Castaño, compañero de garita, que es un joven genio de 32 años, uruguayo de nacimiento pero gallego por un costado y asturiano por otro, me retó desde su blog  (htt:proyectos.elcomerciodigital.com/blogs/eldesvan/), a que  cambiásemos los papeles y que él escribiese por un día y yo le sustituyese como ilustrador. Qué gran idea, pensé en cuanto me lo dijo. Eso sí que es darle la vuelta a la tortilla, trastocar el orden de las cosas, transgredir, hacer la revolución, propiciar el caos. Qué bonito.  Como Dani y yo nos pasamos el día juntos en el cuchitril de los subalternos mirando a las musarañas e ideando maldades, yo cojo prestados sus instrumentos de diseño y le cedo el recado de escribir para que, con el remango que le caracteriza, les diga a ustedes lo siguiente: De todas las malas ideas de una vida dedicada en buena parte a tenerlas, ésta se lleva la palma. Tal vez se dispute el dudoso honor con aquella que tuve a los diez años, pero créanme si les digo que algo raro tuvo que pasar, porque el salto desde la azotea al tragaluz del baño estaba muy bien calculado. Una hermosa cicatriz que me sonríe o se enfada según mueva la rodilla se encarga a diario de recordarme lo contrario; y a fe que  guardaré como oro en paño esta página de periódico, este testigo impertérrito de mi segundo error favorito. ¿Cómo es posible que hayamos llegado tan lejos con mi insensatez?, me pregunto desde el tugurio de los prescindibles, mientras observo absorto cómo una de las musarañas, a la que José Manuel bautizó lujuriosamente “Langostina”, se da el gran festín con una mosca de la fruta. Sea como fuere, me veo ahora entreverado en mi propia ocurrencia y no es lo mismo, no, retar gallardamente a cambiar los papeles que cumplir honrosamente sin perderlos. A más a más cuando mi retado Vilabella descubre con holgura una perla de su época pintora (desconocida para mí), y me hunde en la miseria de corresponderle con palabras mesuradas, bien puestas, que den el pego. No hay tal. En lo que a mí respecta, la gracia de la aventura radica en cederle un espacio gastrológico a un pintamonas que otorga el súmmum de sus preferencias culinarias a los bocadillos y le busca el año de crianza a la cocacola. Así que espero sean magnánimos con esta columna del gastrólogo que por primera vez, y sin que sirva de precedente, sólo trae mortadela en el medio. Amigo mío, un verdadero placer pintar contigo. Te devuelvo las palabras prestadas”.

            Caramba, cómo escribe Dani, si le dejo más espacio me quita el puesto. La juventud indecente y el talento de mi compañero de fatigas ponen en evidencia los achaques de mis ochenta y cinco años cumplidos hace unos días. Resignémonos. En las doscientas páginas que hemos dejado atrás tanto el plumilla como el ilustrador han pretendido divertir a su clientela y, por el mismo precio, contarles cosillas, chismes, tendencias y maledicencias del mundo gastronómico. Si don Iñigo nos da licencia volveremos a cambiar los papeles dentro de cien semanas, o sea dentro de un par de años mal contados, para que en esta geografía, en esta página, siga latiendo el desorden que inspiró las revoluciones baldías y el tinglado de la antigua farsa. 

Esta columna e ilustración a juego fueron publicadas en el suplemento “El Yantar”, Nº200 tal cual aquí se muestran. He de concluir, a modo de epílogo, que seguimos teniendo el empleo y que ninguna musaraña resultó herida en el empeño. Dentro de cien números más. Si no se nos ocurre algo peor en el trayecto.

De postre os dejo parte del material que José Manuel me facilitó para el cambio de papeles. Como se puede ver, no tuvo ningún problema en variar el registro. Lo mío fue otro cantar. Que lo disfruten.

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Me llaman Pei

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¿Por qué me llaman Pei? Pues fíjense que “pei” era la forma que tenía mi sobrina Elen de llamar a la luz. Miraba hacia las bombillas encendidas o el sol más encendido y decía alegremente “¡Qué pei!”, o algo similar. La frase se convirtió en mito en mi entorno, todos intentábamos entretenerla repitiéndole “¡mira la pei, mira la pei!” con el rostro enfundado en la expresión que se imaginan. Fundimos más de un interruptor con la bromita, pero oye, al menos siguió sin comerse los puerros. También es que los puerros… ¿es que a alguien le gustan los puerros?. Otro día hablaré de los puerros. 

¿Dónde me llaman Pei? Allá por las navidades del 2002, cómo pasa el tiempo, emprendí mi carrera como el pez Pei en el acuario de la manzana. Todo el mundo comprenderá mi doble vida submarina pues ¿quién no actuó alguna vez como un besugo, se puso como una ballena, se escabulló como una anguila o se pilló una buena merluza? Sí, sé lo que piensan, la ballena no es un pez, pero no crean que me ha sido fácil encontrar las analogías marinas. 

El caso es que mi carrera como pez Pei no tiene nada que ver con merluzas o besugos, se trata más bien de un asunto de computadoras, más en concreto de las que vienen acompañadas de una manzana con un muerdo. Macuarium, que así se llama el acuario, resultó ser el cobijo ideal para compartir nuestras andanzas de tipos raros, que por aquel entonces y por este país es lo que éramos. Ahora lo somos menos, verbigracia de los ipods y demás. Con los macs como excusa allí se trabaja, se holgazanea, se divierte, se aprende, se enseña, se escapa y se encuentra, se abraza y se reniega. Allí conocí gente estupenda y allí frecuento aún, aunque mucho menos frecuentemente, por esos azares de la vida.

Si conocen el lugar o si no lo conocen, es posible que nos veamos entre los corales y el viejo barco pirata hundido, o entre las patas del pulpo gallego gigante y las ostras con agorafobia. Suelo vestir chaqué verde esmeralda, sombrero de copa marrón, pluma de avestruz en su solapa y monóculo de cobrador. Añadiré algo excepcional para que me reconozcan: un alelí entre los dientes. No hay pérdida, sigan las piedras amarillas con forma de manzana.

La animación que encabeza la entrada forma parte de un salvapantallas (Mac OS X), realizado para conmemorar el décimo aniversario de Macuarium.

Podéis descargarlo aquí. Espero les guste.

 

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